Una pareja de paraguayos sobrevivió a la explotación, el desamparo y el hambre en MadridEspaña, tras caer en una red de trata de personas. Tras huir de sus captores y refugiarse en un parque, la gestión de autoridades locales y la solidaridad de compatriotas hicieron posible su repatriación.Lo que comenzó como el anhelo de un futuro mejor en Europa se transformó rápidamente en una pesadilla de explotación y supervivencia para dos jóvenes paraguayos. Agustín Goitia, de 28 años, oriundo de San Juan Bautista, y su pareja, Marisol Rodríguez, de 25, oriunda de Santiago, Misiones. Ellos lograron escapar de una red de trata laboral que los mantuvo cautivos y bajo condiciones infrahumanas en la localidad de Humanes de Madrid, España.

La travesía se inició cuando la joven viajó primero, tras conseguir un contacto que le prometió estabilidad laboral y habitacional. Inicialmente, se desempeñó en el servicio de limpieza temporal de un hotel. Un mes después, en setiembre, Agustín desembarcó en Madrid para unirse a ella. Sin embargo, apenas cinco días después, la promesa se desvaneció: fueron abandonados a su suerte en las calles madrileñas.

Mientras deambulaban con sus maletas, la vulnerabilidad de la pareja fue detectada por una red de explotadores. Quienes parecían ser sus salvadores les ofrecieron techo, empleo y la supuesta gestión de sus documentos legales. El desenlace, no obstante, fue el régimen de explotación.

Vivir bajo el yugo de la explotación

Una vez bajo el control de la red, Marisol fue destinada al trabajo doméstico bajo la modalidad de “cama adentro” (interna). Por su parte, Agustín fue sometido a extenuantes jornadas en el rubro de la construcción, trabajando desde las 04:00 hasta las 23:00A pesar de la promesa de un pago diario de 50 euros (el pago más bajo actualmente en Europa), el joven nunca recibió dinero en efectivo. Los tratantes implementaron un sistema de deudas institucionales, descontándole el uso de un colchón en un piso compartido con otros ciudadanos latinoamericanos, el transporte y una precaria alimentación basada exclusivamente en pan, mortadela y gaseosas. Además, Marisol fue estafada con 500 euros de sus ingresos temporales por un falso gestor que prometió regularizar su situación migratoria.

Tras tres meses de encierro y privaciones, la violencia interna del lugar encendió las alarmas.

“Nos dimos cuenta de que nuestra vida corría peligro. En el lugar donde yo estaba, los integrantes del esquema bebían alcohol constantemente y se peleaban entre sí, incluso con armas blancas. Nos trataban de latinos de mierda, y no era el único en esa situación”, relató Agustín Goitia.

En el más absoluto secreto, aprovechando los escasos momentos en que lograban comunicarse, la pareja planificó la fuga. “Una madrugada les robé mi documento que me habían sacado y tenían guardado en una oficina y mi maleta. Salí muy despacio, tomé un Uber y fui hasta el lugar donde estaba mi pareja. Se subió conmigo y nos alejamos lo más que pudimos”, rememoró el joven.

Supervivencia a la intemperie y el rescate

La libertad, sin embargo, trajo consigo el desamparo. La pareja deambuló durante días por suelo español y terminó instalando un refugio improvisado con malezas y bolsas de basura en un parque de reserva. Utilizando sus pasaportes, lograron adquirir una tarjeta SIM por 10 euros para mantener comunicación con sus familias en Paraguay, mientras recargaban las baterías de sus teléfonos en estaciones de servicio y cafeterías.

Intentaron buscar auxilio en organizaciones no gubernamentales y albergues públicos, pero la temporada invernal en Europa saturó la capacidad de los refugios. Ante la falta de respuestas locales, la prioridad viró hacia la repatriación.Las familias de los jóvenes lograron contactar con el intendente de San Juan Bautista, José Luis Benítez, quien articuló los canales de ayuda de inmediato con el gobernador de Misiones, Richard Ramírez. El ejecutivo departamental derivó el caso al ministro de Repatriados, Édgar Eugenio Ruiz Torres, y la Secretaría de Repatriados de la Gobernación de Misiones a cargo de Ramona Lugo, abriendo un expediente de emergencia ante la cartera nacional de Repatriados.

Tras acudir al Consulado paraguayo en Madrid y agilizar los trámites –que habitualmente requieren de una estancia mínima de seis meses en el país de acogida–, las autoridades les solicitaron resistir 24 días más en España, mientras se gestionaban los pasajes aéreos para la fecha más próxima disponible, el 24 de diciembre.

Solidaridad entre compatriotas

Durante la agónica espera, la solidaridad de la comunidad paraguaya en España fue crucial. Tras pasar otros 10 días a la intemperie en el parque donde habían estado anteriormente varios días luego de escapar, la pareja fue acogida durante las últimas tres semanas por el caaguaceño Elvio Portillo Gómez y su esposa, Zunilda Ramona Vega Núñez, quienes les brindaron techo y comida. Asimismo, otro compatriota, Édgar Ávalos, oriundo de San Juan Potrero (San Ignacio), les proveyó alimentos básicos cuando estaban escondidos en el matorral del parque para soportar el crudo frío.

“Nos alcanzaban bananas, leche y coquito. Comíamos una banana por día, partida por la mitad, para sobrevivir y engañar al hambre. Nos alimentábamos con lo mínimo para que durara, porque solo teníamos eso, nuestra meta era sobrevivir y volver a Paraguay”, recordó Goitia.

Finalmente, el 24 de diciembre del año pasado, la pareja abordó el avión de regreso. Arribaron a suelo paraguayo el 25 de diciembre, en plena Navidad, siendo trasladados hasta sus hogares gracias a la cortesía de otra pareja que retornaba desde España hacia Carmen del Paraná.

Actualmente, Agustín y Marisol se encuentran en San Juan Bautista, Misiones, contenidos por sus familias y bajo un proceso de recuperación física y emocional tras haber sobrevivido al flagelo de la trata internacional.