Ignacia Rojas, una mujer embarazada y con actividad de parto, llegó en la tarde del domingo al centro de salud de Capiibary. Estaba aquejada de dolores y presentaba sangrado, por lo que necesitaba urgente atención médica, pero en el local asistencial no había médicos de guardia. El director, Dr. Freddy Brítez, se encontraba ausente.

El caso de Ignacia es un reflejo de la realidad de la salud pública, principalmente en el interior de nuestro país, pese a que la cartera de Estado manejó más de 4,5 billones de presupuesto en 2016 e igual monto este año. En muchos casos muere la madre o el bebé nace sin vida.

Ignacia Rojas fue atendida y llevada al hospital de Santaní, de donde fue derivada al Hospital Nacional de Itauguá, mediante la presión de la prensa, despues de que la encontraran sentada en un banco del pasillo, perdiendo sangre.

Fue trasladada en motocicleta al centro de salud por su vecina, Marina Cuevas. Allí le manifestaron que no la podían atender porque no había obstetra ni médico de guardia y que para llevarla a otro centro asistencial necesitaban que un familiar la acompañe.

Las quejas contra el pésimo funcionamiento del centro de salud no se hicieron esperar. También hubo quejas de maltratos por parte del personal de blanco y por la permanente ausencia del director.

Según las denuncias de los pacientes y la población, en horas de la noche y los fines de semana, prácticamente es imposible encontrarlo.

Al tomar estado público el caso de Ignacia Rojas, ciudadanos de diferentes puntos del país se quejaron de la precariedad del servicio de salud pública, principalmente. En muchos casos las regiones sanitarias están dirigidas por seccionaleros, que están enfocados en la campaña pro reelección.

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