Aquel 16 de mayo de 1988 amaneció encapotado. Presagiaba una lluvia, pero lo que nadie se imaginó era que iba a caer un diluvio. Y las gotas empezaron a caer cerca de las 8:00, para luego convertirse en una torrencial lluvia que no paraba.

Transcurrían las horas y Ñu Guasu era una gran laguna, donde miles de personas desafiaban el lodazal, la baja temperatura y el diluvio. En los altos parlantes, en cambio, se anunciaba que Juan Pablo II abandonaba Perú en dirección al Paraguay. Y a las 13:00 ya estaba aquí el “Mensajero del Amor”.

Juan Pablo II pasaba a formar parte de la historia paraguaya. Minutos después de los actos protocolares se dirigía hacía Ñu Guasu, donde iba a presidir su primera misa. Esta celebración tenía una gran importancia para la Iglesia en Paraguay. Durante el acto, debía ser canonizado un hijo de estas tierras, Roque González de Santa Cruz y compañeros mártires. Terminó la celebración y los misioneros pasaron a formar parte del libro de los santos.

El Pontífice vino a animar a los fieles a ser protagonistas en la Iglesia y sobre todo a dar respaldo a la misión pastoral emprendida por la jerarquía, que en aquel tiempo soportaba una sistemática campaña de calumnia de parte de la dictadura de Alfredo Stroessner. Por tanto, era una visita para reafirmar la comunión entre jerarquía y el Sucesor de Pedro.

Pero sin dudas, el mensaje más fuerte que pronunció el pontífice fue en el Palacio de López frente al dictador Stroessner. “No se puede arrinconar a la Iglesia en sus templos, como no se puede arrinconar a Dios en la conciencia de los hombres”, decía Juan Pablo II.

El mensaje fue contundente. Es así que los obispos de la talla de Ismael Rolón, Aníbal Maricevich, Mario Melanio Medina, Felipe Santiago Benítez recibían un gran respaldo a sus prédicas.

Los momentos previos de la visita del pontífice hubo varios roces en cuanto a la organización. El régimen decía que el Papa venía a invitación del Gobierno, mientras la Iglesia proclamaba que su presencia era una visita pastoral. La elaboración del programa de su estadía conoció de momentos tensos. Primeramente al excluir a Concepción de la visita pastoral. El Gobierno no quería mostrar la miseria del norte. Esta disputa no terminó allí incluso se prolongó hasta los días previos porque tampoco se garantizó el encuentro que debía tener con los Constructores de la Sociedad, en el polideportivo del Consejo Nacional de Deportes. Aquí fue categórica la postura asumida por el Vaticano, al anunciar que el Papa iba a reunirse con los representantes de la sociedad. El temor del Gobierno era que aquel acto se convierta en un mitin político, y para evitar el abucheo, las autoridades decidieron no asistir al evento, y era muy notoria la ausencia, porque las sillas destinadas a las autoridades estaban vacías.

En el acto se representó al Paraguay como un árbol seco, que necesitaba de una resurrección.

Juan Pablo II estuvo además en Villarrica, donde se reunió con el sector productivo y en Caacupé estuvo para manifestar su devoción a la madre común de todos los paraguayos. Finalmente, antes de dejar suelo guaraní estuvo de nuevo en Ñu Guasu, con los jóvenes a quienes exhortó a construir el nuevo Paraguay. Juan Pablo II abandonó nuestro país la noche del 18 de mayo y unos meses después, el 2 y 3 de febrero caía a cañonazos la dictadura stronista.

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