Hace dos noches había 1000 casas en este pueblo de la zona centro sur de Chile. Pero llegó el fuego de uno de los focos del peor incendio forestal en la historia del país y sólo quedaron dos en pie.

Los 6000 habitantes alcanzaron a huir, menos uno, que murió. Algunos vecinos que llegaron a ver las cenizas y las chapas retorcidas de sus viviendas dijeron que era un maestro carpintero que volvió a su hogar después de que lo hicieron salir. Otros afirman que cayó sin conciencia en una vereda y que ahí mismo lo encontraron muerto. Anoche aún no lo identificaban, pero sí confirmaron que es una de las diez personas que murieron en las tres regiones que están acorraladas por el fuego.

Santa Olga, 340 kilómetros al sur de Santiago, tenía control policial, liceo, una guardería y un cuartel de bomberos. Está en una colina rodeada por bosques de pinos y por una empresa forestal en la que trabajaba el 80% de sus habitantes.  Los militares, que ya tomaron el control de la emergencia en una región declarada zona de catástrofe, remueven los escombros y los apilan cerca de la calle.

Los incendios forestales comenzaron a fines del año pasado en el sector de Pumanque, VII Región, y se extendieron sin control a otras zonas hace dos semanas. Las regiones en estado de catástrofe son las VI, VII y VIII. Hay más de 100 incendios declarados, 53 están activos y 25 tienen alerta roja, según la Oficina Nacional de Emergencias y la Corporación Nacional Forestal. En ellos trabajan más de 5000 brigadistas y 52 aeronaves.

Se consumieron 273.000 hectáreas bajo condiciones climáticas extremas: temperaturas de 40°C, humedad mínima y vientos de más de 30 nudos. Y aunque las causas de los siniestros no están claras, hay 22 detenidos como sospechosos de iniciar algún foco. La presidenta Michelle Bachelet lamentó las muertes y pérdidas, agradeció la ayuda internacional (Rusia aportó un avión) y dijo que se llegará hasta los responsables de este desastre.

 

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