Ella reaccionó contra él y esperó a que los demás pasajeros la ayudaran, pero nadie hizo nada, según su escrito.

“El chofer no paró, siguió su camino. Yo, sangrando y llorando de la impotencia, no podía hacer nada”, lamentó la joven. Luego de eso, llegó hasta la comisaría 16 del barrio San Pablo, con todas las pruebas (fotos, boleto, heridas). Pero los policías le respondieron que esa no era su jurisdicción y que no podían tomarle la denuncia.

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