SAN JOSÉ DE LOS ARROYOS, Dpto. Caaguazú.-  Agapito Lezcano, quien vive y reside en el barrio San Blas de esta ciudad, desde hace una década se dedica al rubro la producción de hortalizas en general, con lo que pudo sacar a su familia adelante, indicó con orgullo el horticultor. Actualmente tiene plantado en el fondo de su casa unas 3.000 plantas, entre lechuga, repollo, cebolla, cebollita verde y tomate. A esto se suma la producción de remolacha, perejil, entre otras variedades.

Estamos en plena comercialización con mercado local, que surtimos a los supermercados, además muchas personas se constituyen hasta nuestra vivienda para adquirir la producción, indicó el dinámico trabajador, quien en compañía de su esposa, la señor Yony Dionicia Ortíz, docente jubilada, a diarios se encargan de los cuidados culturales de la hermosa producción.

Durante la época de la pandemia, incluso la venta fue mayor, debido que las personas optaron más por lo natural, indicó Agapito.

El alto nivel de producción hortícola es muy conocido en la ciudad de San José de los Arroyos, es por eso que se hicieron de seguras clientelas a lo largo de estos diez años, informaron.

La producción y crecimiento de las hortalizas plantadas en el lugar, en largos tablones, no contienen ningún elementos químicos, señalaron, y es por eso que la producción es muy apreciada por las miles de clientelas con que cuentan.

Requiere de mucha voluntad para contar con alto nivel y cantidad de la producción, dijeron, lo cual vale la pena,  que por esa razón nos sirven de sustento en el día a día, manifestaron.

Hablar de la producción hortícola que está a cargo del señor Agapito Lezcano, es sinónimo de calidad, quienes la mayor parte del año cuentan con preciosas y grandes producciones de hortalizas, crecidas totalmente al natural.

Las personas interesadas en adquirir la ponderable  producción, pueden llamar al celular No. 0985: 544.000, quienes además atienden con deferencias y mucha amabilidad a las personas que llegan hasta el lugar para la compra de la producción.

Por: Néstor Ojeda M. 

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