En la siesta del lunes último José Carballo salió de su casa con la intención de juntar las ovejas que pertenecen a su familia. Luego de ver el noticiero se dirigió al monte donde esos animales suelen pastar.

“Salí de mi casa después de ver el noticiero. Las ovejas se mueven mucho pero siempre están en el mismo sector”, fue el inicio de la conversación con el pequeño.

Siguió diciendo: “Sabía que esa noche iba a hacer mucho frío, entonces me adelanté en la hora de juntar las ovejas para evitar el frío de la tardecita”.

José y su familia viven en el Obraje San Carlos, pequeña comunidad que viene de tiempos en que el tanino era procesado por Carlos Casado SA en la región.

Obraje San Carlos se encuentra a unos 100 kilómetros al oeste de Fuerte Olimpo, Alto Paraguay.

José logró ubicar a sus ovejas. “Empecé a juntarlas y les quise llevar de vuelta, pero las ovejas querían tomar otro camino. Allí yo me equivoqué. Las ovejas siempre toman el mismo sendero y sin darme cuenta quise obligarlas a tomar un camino equivocado”, explicó.

El inicio de la odisea

No pasó mucho tiempo para que José se percatara de que el camino que había tomado no le llevaría de vuelta a su casa.

“Al principio no me desesperé. Caminaba tranquilo buscando el sendero para volver a casa, pero el tiempo pasaba y yo seguía en el monte”, recordó el pequeño.

Agregó a su relato que “pasaban las horas, el sol comenzaba a caer y ya tenía frío. Me asusté. Tenía miedo de no volver a casa y tener que pasar la noche en el monte. Yo sabía que iba a tener mucho frío”.

José es muy expresivo en su narrativa y sobre todo muy detallista: “Caminaba siguiendo una alambrada porque sabía que me podía llevar a un callejón y desde ahí buscar la salida. Sin darme cuenta caí en un pequeño estero y me quedé hundido hasta la cintura. Allí ya pensé que me podía morir”.

Contó luego que le costó mucho salir del esteral: “Tenía como un pozo, apenas podía moverme y hacer fuerza. Solo pensaba en salir del agua porque tenía mucho frío”.

Cayó el sol y “no podía dejar de temblar. Tenía demasiado frío. Ya era oscuro. No veía nada. Me quedé apoyado por un arbolito y me acurruqué todito”, indicó.

“No tenía ni idea de la hora. Para más, no se escuchaba nada. Puro silencio había. Y yo temblaba. No podía dejar de temblar”, refirió el niño.

José salió de la casa a la siesta, cuando el sol estaba radiante aunque el día estuviera fresco. Vestía una remera mangas largas y un delgado buzo como campera.

Manifestó que al amanecer del día siguiente “no tenía fuerzas. No podía moverme. Me dolía todo el cuerpo y temblaba de frío. Mi ropa estaba toda blanca de la helada”.

“Suerte que no me morí”

José pasó 29 horas en el monte que rodea Obraje San Carlos. Venciendo sus debilidades pudo levantarse y encontrar el camino para volver a casa.

Fue evacuado a Asunción en un avión de la Fuerza Aérea Paraguaya.

Desde anoche está en el hospital de Villa Hayes en estado de observación, luego de la tremenda experiencia que le tocó vivir.

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