TORVAJANICA, Italia. Marcela, Minerva y Claudia son algunas de las transexuales, la mayoría latinoamericanas acuden a la plaza de San Pedro, donde el papa las saluda tras la audiencia entre cardenales, obispos y autoridades. En abril pasado lograron intercambiar un breve diálogo con el pontífice quien les recordó que “a los ojos de Dios somos todos iguales”.

Marcela, Minerva y Claudia cada miércoles se levantan de madrugada y dejan las calles del litoral de Roma en las que ejercen la prostitución para ir a la audiencia general para saludar al Papa Francisco.
Se ha convertido casi en una tradición: don Andrea Conocchia, el párroco de Torvajanica, una localidad a una treintena de kilómetros de Roma, recoge a “las chicas”, como las llama cariñosamente, y las acompaña para asistir a la audiencia general en la plaza de San Pedro y luego se acercan a saludar a Francisco.

En ese momento, explican las primeras que recibió el papa, en abril pasado, se sienten “acogidas” porque como las recordó Francisco: “A los ojos de Dios somos todos iguales”, dice Marcela, uruguaya, mientras enseña una foto de aquel día en la que aparece con la bandera de su país sobre los hombros.
De ese primer grupo “ya no está entre ellas” Naomi Cabral, prostituta transexual argentina y quien, cuentan con un nudo en la garganta, fue hallada muerta el pasado 6 de octubre en la habitación de un hotel de la costa romana donde recibía a los clientes.
«El papa les ha dicho a las otras chicas que tiene una foto de Naomi en su escritorio para recordarla», confiesa Marcela

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